Una se pone a pensar y se da cuenta de lo fácil que sería que un día se lo arrebatasen todo de golpe, haciendo de su mundo rosa la más amarga de las historias. Un día leí un artículo sobre el temor que infunde descubrir la brillantez con la que el mal arrambla con el bien, superándolo con creces en cuanto a sutileza y rapidez. Y es cierto que ese temor a perder lo que uno tanto ama y protege habita en el interior de cada uno de nosotros, asomando en ciertas circunstancias para mostrarnos la eficacia con que el mal regenta sobre el bien. Y también es cierto que aunque el bien pueda aparecer en nuestro camino como un golpe de suerte con el que la vida nos premia, el mal es capaz de destruir y de desgarrar. Se puede ver el nacimiento de una flor como una insignificancia o como la observación del fascinante poder que posee la vida. Para perder algo, antes debe pertenecernos, y la posesión de esas cosas que nos mantienen con vida y la hacen tan maravillosa no puede tener sus raíces más que en la asombrosa fuerza del bien.

ANDREA JIMÉNEZ ARRATÍBEL – XLSEMANAL 25/02/2007

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