El perdón es una carretera de doble sentido: siempre que perdonamos a alguien también nos estamos perdonando a nosotros mismos. Si somos tolerantes con los otros, nos resulta más fácil aceptar nuestros propios errores. Adoptando este punto de partida, sin culpa ni amargura, conseguimos mejorar nuestra actitud ante la vida. Pedro preguntó a Cristo: “Maestro, ¿debo perdonar siete veces al prójimo?” Y Cristo repuso: “No sólo siete, sino setenta veces siete”. Como no soy santo, muchas veces tengo dificultades para perdonar. Pero logro recurrir a mi fuerza de voluntad y controlarme, y, pasado el tiempo, siempre acabo por comprobar que salí ganando al actuar así.
PAULO COELHO, XL Semanal, ABC,17/06/2007

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