octubre 2007



Qué te voy a decir
si yo acabo de llegar
si esto es como el mar
quien conoce alguna esquina
Dejadme nacer
que me tengo que inventar
para hacerme pez
empecé por las espinas.

Nunca lo escribí en un papel
y nunca me ha encantado mi voz
y tú ahora me preguntas qué hacer
Y yo que siempre voy detrás del error
que canto a lo que nunca tendré
al beso que ella nunca me dio
Dime tú qué puede saber
alguien que ha pasado la vida
buscando la melodía

Qué te voy a decir
si yo acabo de llegar
si esto es como el mar
quien conoce alguna esquina
Dejadme nacer
que me tengo que inventar
para hacerme pez
empecé por las espinas.

La vida es algo que hay que morder
y en cada boca tiene un sabor
tus huesos no los tapa mi piel
por eso siempre digo que no
ahora tengo cosas que hacer
que aún me queda media vida
para encontrar la melodía

Qué te voy a decir
si yo acabo de llegar
si esto es como el mar
quien conoce alguna esquina
Dejadme nacer
que me tengo que inventar
para hacerme pez
empecé por las espinas.

FITO Y FITIPALDIS, de su disco “Por la boca vive el pez”

“No podrás evitar que los pájaros de la preocupación y la inquietud vuelen sobre tu cabeza. Pero erez capaz de impedir que aniden en tus cabellos”


ANDREW HOLLIS, pintura fílmica


El que domina su ira domina a su peor enemigo.

Cuando vives sin hacerte preguntas, tu vida la conducen las respuestas ajenas. Renuncias a tu propio aire, despliegas tus velas a brisas, ventoleras y huracanes de otros y pierdes tu propio rumbo.
Y al final descubres que vas hacia donde ellos te quieren llevar.

Hacerse preguntas sin temer y sin temor es el despegue de la libertad y el gran vuelo del intelecto. ¿Por qué este hombre o esta mujer? ¿Por qué llevar este concreto estilo de vida sabiendo que hay otros posibles? ¿Por qué tantos amigos tan poco amigables? ¿Y por qué tan poco amigo realmente amigo? (…) ¿Por qué este Dios? ¿Por qué aquel adios? ¿Por qué esta lucha? ¿Por qué tanta ansiedad? ¿Por qué tanta necesidad?

Alguna que otra vez, cuando llega la noche y las urgencias oscurecen, no hay nada más enriquecedor que se espeleólogo de uno mismo: desconectarse de la caja tonta para tratar de iluminar esa maravillosa, profunda y sorprendente caja negra que es nuestro cerebro.

Allí estás, tú esperándote a ti. Frente a frente ante un espejo excepcional, el único capaz de reflejar tu propia imagen en todas sus dimensiones y relives.

ANGELA BECERRA, Diario ADN Miércoles 24/10/07

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