At last the secret is out,
as it always must come in the end,
the delicious story is ripe to tell
to tell to the intimate friend;
over the tea-cups and into the square
the tongues has its desire;
still waters run deep, my dear,
there’s never smoke without fire.

Behind the corpse in the reservoir,
behind the ghost on the links,
behind the lady who dances
and the man who madly drinks,
under the look of fatigue
the attack of migraine and the sigh
there is always another story,
there is more than meets the eye.

For the clear voice suddenly singing,
high up in the convent wall,
the scent of the elder bushes,
the sporting prints in the hall,
the croquet matches in summer,
the handshake, the cough, the kiss,
there is always a wicked secret,
a private reason for this.

Al final se ha aireado el secreto,
como siempre debe ocurrir al cabo,
madura está la deliciosa historia para contársela
al amigo íntimo;
entre las tazas de té y en la plaza
la lengua se sale con la suya;
las apariencias engañan, querida,
donde hay humo hay fuego.

Tras el cadáver en el depósito,
tras el fantasma en la encrucijada,
tras la señora que baila
y el hombre que bebe como un poseso,
bajo el aspecto de cansancio,
el ataque de migraña y el suspiro
siempre se oculta otra historia,
hay más de lo que parece.

Pues para la voz limpia que de súbito canta,
allá arriba en el muro del convento,
el aroma de los arbustos añejos,
las huellas caballerosas en el vestíbulo,
los partidos de croquet en verano,
el apretón de manos, la tos, el beso,
siempre hay un pícaro secreto,
una razón íntima para ello.

Wystan Hugh Auden, “CANCIÓN DE CUNA Y OTROS POEMAS”,
Traducción y selección de Eduardo Iriarte, Ed. Lumen

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