No se puede envolver el aire con cadenas. Someterse a lo que uno espera, acostarse en un lecho de certezas, no garantiza un tipo de sueños. Los sueños son hijos de nuestro subconsciente. La falta de leyes, la ausencia de lógica es lo habitual en el interior de ese mundo.

Nuestras relaciones, las reales navegan sobre mapas en los que nada es firme. Nada es seguro. Por eso es inútil señalar con el dedo un horizonte que ni siquiera parece seguro en las arrugas del papel.

Las relaciones van y vienen sometidas a corrientes imprevisibles. Nuestro corazón está lleno de lugares que aún no hemos pisado. Afortunada, o desgraciadamente, el pasado, lo que ha sido escrito hasta ahora no dice nada de lo que sucederá en el futuro.

Tu vida se llena de seres todavía anónimos, ellos serán quienes darán la nota sobre la que interpretar la melodía y en ella todos quedaremos retratados. Los buenos, los malos, los ilusos, los imprudentes, los odiosos, los traidores. Y tu corazón, que es como es, seguirá latiendo fuerte, seguirá marcando el ritmo, buscando sus víctimas y derramando su sangre.

Mirarte en el espejo. Decirle lo que ha de ser y lo que no será nunca. Vale para un simulacro de realidad. Lo que vivimos, que tal vez no sea real, es otra cosa.

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