“¡Basta de discursos sensibleros sobre la felicidad del oficio de progenitor! Ante tanto entusiasmo y buenos sentimientos obligatorios, es urgente y necesario decir «¡puaj!» a nurseryland. Sé lo que me digo, porque yo misma tengo hijos… Hay cosas de las que solo puede hablar una madre de familia, siempre que tenga el valor de salir del armario. Si firmara este libro sin haber tenido descendencia, todo el mundo pensaría que soy una solterona amargada y envidiosa. Ahora, puede que me acusen de ser una madre desnaturalizada. Muy bien, lo asumo. Después de traicionar a mi empresa en Buenos días, pereza, aquí critico una imagen idealizada de la familia, que solo existe en las revistas. De paso, aprovecho para mofarme de cierta Francia natalista y autocomplaciente, cuyo único horizonte es el trabajo y la reproducción. Esto sí que es señal de una regresión preocupante: ¿qué puede haber más deprimente que un país empeñado en reproducir lo que hay, cuando lo que hay es aburrido y previsible a más no poder?”
Corinne Maier, Introducción