El hombre que tomaba bitter reconoció a Picasso en cuanto éste se sentó. Picasso escribió su firma en una servilleta y se la regaló. “Me voy a hacer de oro. Al fin y al cabo lo que vale en el arte es la firma”. Guardó cuidadosamente el Picasso, llamemos así a la servilleta, en el bolsillo y salió a la calle. Ya pensaba dónde se iba a construir la casa ahora que era rico. Tropezó, se cayó, se dio un golpe en la frente y perdió el conocimiento. Al volver en sí, vio al hombre que enjugaba la sangre de su frente con la servilleta que había encontrado en el bolsillo de su americana.
SERVILLETA DE BAR de Victor Coyote + Pocateja

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