“Te mando ahora a que lo olvides todo,
aquel seno de nata y de ternura,
aquel seno empinándose de un modo,
que te pudo servir de tierra dura;

aquel muslo obediente, pero fiero
que venía de sierpes milenarias;
aquel muslo de carne y de me muero
convocado en las tardes solitarias;

aquel gesto de echarme en la locura,
aquel viaje al amor de mi cintura,
aquel gusto en la piel a lirio extraño;

aquel nombre pequeño bajo el nombre,
aquel pecado de volverte un hombre
en el vicio feliz de hacerme daño.”
CARILDA OLIVER LABRA

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