“Aquella noche,a la luz de la Nube, Dios trabajó hasta altas horas para suavizar, redondear y refinar las formas de su creación. Retocó mil veces los senos hasta que al final ya no parecía un mero añadido al cuerpo de Adán, sino la pura esencia del nuevo ser. Emergían como la promesa suave de alegría, paz y emoción, ofrecían tanto, lo desconocido y lo conocido a la vez, parecían seguros y al mismo tiempo extrañamente vulnerables, con el malicioso y triunfante empuje de los pezones sugiriendo el capullo indeciso de una flor que aún estaba por nacer. Proponían un mundo de sueños, mientras suplicaban ser tocados para evitar que ellos mismos se desintegrasen en un sueño. Se movían con desafiante sensualidad y, con el contacto más suave, se balanceaban como dos nenúfares fantasmas de Andrómeda a punto de abrirse, meciéndose sobre un lago plateado”
EL PESCADOR DE DEMONIOS, de STEVE REDWOOD
Ilustración de AUDREY KAWASAKI

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