He aprendido a verte de muchas maneras distintas, como la mujer desolada, la triunfadora, la descarada, la dulce, la dominatrix , la dominada…..te he contemplado en tus palabras perdidas, y en las que herían el aire como dolorosos gemidos; he escuchado tus desgarradores gritos y tus conjuros para olvidar el pasado, atendí como un incrédulo espectador a tus hechizos de bruja y contemplé sin inmutarme como tejías tus redes con las que cautivar el universo. Has sido tierna, cruel, sexy, bruja, niña….te has retratado desnuda y disfrazada con gestos alejados de lo que eres y siempre, siempre he querido verte, amarte, sentir que estabas viva.

En muchas ocasiones me planteo lo distinto que somos todos nosotros. Lo extraño que resulta escuchar cómo nos definen y la manera en cómo nos enredamos en el cariño. La manera más simple de perderse en el otro es siempre todo un experimento. Un experimento de nuestra manera de ver. Porque lo básico es cómo nos acercamos los unos a los otros y lo que en ellos podemos ver y encontrar.

Te contemplo y veo cosas grandes, y me sorprende que nadie las vea, cosas que me hacen pensar en ti y perder la cabeza sobre tus recuerdos, cosas que me ofrecen la posibilidad de pegarme a los sueños, irreales, fantásticos, o simplemente posibles. A tu lado he sentido que el horizonte no tiene infinito, que a este lo sujetan los hilos de tus suspiros, de tus palabras, las que callas, las que cuando me aprietas el brazo no me dices para dejar correr tu mirada por el fondo de algún escaparate.

Es cierto que algunas veces sentimos la soledad rozando el frío que se mueve entre las pesadas nubes. Es verdad que a veces nos cuesta respirar el aire enrarecido de nuestros deseos, de nuestras pequeñas miserias. Es verdad que muchas veces nos perdemos en mitad de la nada persiguiendo intenciones. Pero no podemos olvidar que a nuestro lado sujetamos sombras que alimentan nuestra identidad. Sombras y figuras que no son un sueño, que están aquí, entre tus manos cuando intentan sujetar tus lágrimas, en el interior del aire que escapa de tus pulmones cuando quieres suspirar.
Te amo, en todas tus porciones, cuando estás perdida y tu aliento huele a dolor. Te quiero cuando nadie te aguanta, o cuando dejan de pensar en ti como el polvo perfecto, o la novia perfecta o la amante perfecta, te amo cuando el mundo se cansa de tus coqueteos, y cuando huye despavorido de tu mal humor. Te deseo más aún cuando escribes y amas en tu deseo y lo sostienes al frente de una nada inmensa.

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