11 noviembre 2008



Hoy me gustaría hablarles del llamado ‘efecto pintalabios’, un curioso fenómeno que los economistas están empezando a analizar con interés. A las pocas semanas de la caída de las Torres Gemelas en 2001, Leonard Lauder, presidente de la gran multinacional de cosméticos Estée Lauder, observó un inusual y muy significativo aumento en la venta de sus barras de labios, en especial de las de color rojo. Sorprendido por el dato, decidió ir hacia atrás en el tiempo y comprobar las cifras de ventas de dicho artículo en las crisis cíclicas de las últimas décadas. Así descubrió que siempre que había una situación complicada se disparaba la venta de pintalabios. La razón, siempre según el señor Lauder, es que las mujeres tradicionalmente se vuelcan hacia los pintalabios cuando recortan en otros lujos. Eso se debe a que una barra de rouge (cuyo precio va de euro y medio hasta veinte o treinta) representa un minilujo asequible que les mejora el estado de ánimo cuando no pueden permitirse gastos mayores. «Cuando suben las ventas de carmín, la gente compra menos ropa», sostiene el señor Lauder, al tiempo que añade que «en estas últimas semanas las ventas del producto han subido un 12 por ciento»

Es como si mejorar nuestro exterior ayudara a sentirnos mejor también por dentro. Por eso me ha interesado la reflexión del señor Lauder y el hecho de que los economistas lo utilicen ahora (por lo visto el lipstick effect empezó a hacerse notar casi diez meses antes de que estallara la crisis) como indicador de futuro.
CARMEN POSADAS, “Pequeñas infamias”, XLSEMANAL nº 1.098
Foto de Ruven Afanador, cortesía de Mordisquitos

”Ponte pintalabios y al menos tus mentiras serán hermosas”
Richey James Edwards (el desaparecido cantante de Manic Street Preaches)

No, no estoy dolida; no, no estoy resentida; simplemente, me gusta la canción.

Fuiste el sastre que olvidó
quitar los alfileres de su boca
antes de besar.
Afilador, acuchillaste mi amor
y yo una más en tu larga carrera
de embaucador.
Pensé que no podría alejarte de mi vida
ni con tiempo, ni suerte se me pasaría.
Mi pulsión de vida en tu cama dormía,
ay, ay… cuanto dolías.
Oh, mi rey en el reino de las penas,
por ti, soplaré los vientos que tú quieras.
Trajiste la melancolía,
pero yo para ti tengo
una canción de despedida

Ya no te quiero, no, ya no te quiero
no volverás a verme
arrastrada por el suelo.
Ya no te quiero, ya no te quiero
me he inventado un baile
al son de tu mamoneo.

Ahora baja la guardia
el cielo está lleno de estrellas,
me alejo de ti haciéndome la tuerta.
Hoy me he liberado, desperté de mi letargo
una vez me destruiste pero he resucitado.

Todos me dijeron solo pierdes el tiempo
pero yo quise llegar a ti
sin importarme el precio.
Y si algo diste, ya no lo quiero.
Si fuiste sincero, ya no te creo.
Y ser como tú, invencible y triunfante,
ser como tú, el más grande de los fraudes
sabiendo que te pierdo, espero
que esta vez tu autoestima sea
la que está rota por el suelo.

Con los restos de tu amor
me he hecho un camisón
que me quito por la noche
porque sola tengo calor, traidor,
al que tima se le llama timador.
Melancólica y llorona
en nada pienso, solo en la suerte
de las que te encuentren sin recuerdos
te esperé tanto en el infierno
porque tan necio es el amor
tan necio.

Ya no te quiero, no, ya no te quiero
no volverás a verme
arrastrada por el suelo.
Ya no te quiero, ya no te quiero
me he inventado un baile
al son de tu mamoneo.

Ahora baja la guardia
el cielo está lleno de estrellas,
me alejo de ti haciéndome la tuerta.
Hoy me he liberado, desperté de mi letargo
estuviste tan dentro pero hoy tan lejano.

Ya no te quiero, ya no te quiero
todas las noches lo pienso
y ya casi me lo creo.
Ya no te quiero, ya no te quiero
todas las noches lo pienso
para ver si me convenzo.