Hoy me gustaría hablarles del llamado ‘efecto pintalabios’, un curioso fenómeno que los economistas están empezando a analizar con interés. A las pocas semanas de la caída de las Torres Gemelas en 2001, Leonard Lauder, presidente de la gran multinacional de cosméticos Estée Lauder, observó un inusual y muy significativo aumento en la venta de sus barras de labios, en especial de las de color rojo. Sorprendido por el dato, decidió ir hacia atrás en el tiempo y comprobar las cifras de ventas de dicho artículo en las crisis cíclicas de las últimas décadas. Así descubrió que siempre que había una situación complicada se disparaba la venta de pintalabios. La razón, siempre según el señor Lauder, es que las mujeres tradicionalmente se vuelcan hacia los pintalabios cuando recortan en otros lujos. Eso se debe a que una barra de rouge (cuyo precio va de euro y medio hasta veinte o treinta) representa un minilujo asequible que les mejora el estado de ánimo cuando no pueden permitirse gastos mayores. «Cuando suben las ventas de carmín, la gente compra menos ropa», sostiene el señor Lauder, al tiempo que añade que «en estas últimas semanas las ventas del producto han subido un 12 por ciento»

Es como si mejorar nuestro exterior ayudara a sentirnos mejor también por dentro. Por eso me ha interesado la reflexión del señor Lauder y el hecho de que los economistas lo utilicen ahora (por lo visto el lipstick effect empezó a hacerse notar casi diez meses antes de que estallara la crisis) como indicador de futuro.
CARMEN POSADAS, “Pequeñas infamias”, XLSEMANAL nº 1.098
Foto de Ruven Afanador, cortesía de Mordisquitos

”Ponte pintalabios y al menos tus mentiras serán hermosas”
Richey James Edwards (el desaparecido cantante de Manic Street Preaches)

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