mayo 2009



Hoy se ponen a la venta las entradas para el próximo concierto de DM en Madrid, 16 de Noviembre en el Palacio de los Deportes.

Anuncios

P5220060
Día de la toalla
Una toalla es el objeto de mayor utilidad que puede poseer un autoestopista interestelar. En parte, tiene un gran valor práctico: uno puede envolverse en ella para calentarse mientras viaja por las lunas frías de jaglan Beta; se puede tumbar uno en ella en las refulgentes playas de arena marmórea de Santraginus V, mientras aspira los vapores del mar embriagador; se puede uno tapar con ella mientras duerme bajo las estrellas que arrojan un brillo tan purpúreo sobre el desierto de Kakrafun; se puede usar como vela en una balsa diminuta para navegar por el profundo y lento río Moth; mojada, se puede emplear en la lucha cuerpo a cuerpo; envuelta alrededor de la cabeza, sirve para protegerse de las emanaciones nocivas o para evitar la mirada de la Voraz Bestia Bugblatter de Traal (animal sorprendentemente estúpido, supone que si uno no puede verlo, él tampoco lo ve a uno; es tonto como un cepillo, pero voraz, muy voraz); se puede agitar la toalla en situaciones de peligro como señal de emergencia, y, por supuesto, se puede secar uno con ella si es que aún está lo suficientemente limpia.

DOUGLAS ADAMS, “GUÍA DEL AUTOESTOPISTA GALÁCTICO”

photo-1

photo

18 de Junio!!!!
reina

P5220053
Por la costa internándose Odiseo,
náufrago así, desnudo,
oteó unas doncellas.
Y corrieron. Inmóvil y radiante,
una sola se erguía. ¡Qué estupor!
Mal cubierto con hojas habló el náufrago,
voz ferviente, mirada embelesada.
«¿Quién eres, oh bellísima
de tan cándidos brazos? ¿Una diosa
descendida a una tierra de mortales,
o si sólo mujer,
a la par que los dioses?
Felices sean quienes te engendraron.
Mis ojos nunca vieron tal belleza,
digna de Artemis, hija del gran Zeus.
Una vez nada más
me sentí conmovido como ahora.
En Delos fue. Junto al altar de Apolo
vi un arbusto de palma tan feliz
y esbelto que tembló mi corazón.
Perdóname que llegue así, desnudo.»
Sonrió la mujer de brazos cándidos.
«Forastero, quien seas…» Sonreía,
señoril, luminosa. ¡Nausicaä!
JORGE GUILLÉN, “Homenaje”

Página siguiente »