Aziyade Franck Bourgeron
“Un hermoso día de primavera (…) a eso de las cuatro de la tarde, sucedió que me detuve ante la cerrada puerta de una vieja mezquita, para ver cómo peleaban dos cigüeñas. La escena se desarrollaba en una calle del viejo barrio musulmán (…) El cielo entrevisto por los resquicios era puro y azul. Se respiraba por doquier el aire tibio y el grato olor de mayo. (…) La autoridad nos obligaba a arrastrar por las calles un sable y todo el arsenal de guerra. De trecho en trecho, algunos personajes con turbante, pasaban rozando las paredes y alguna cabeza de mujer se ofrecía discretamente tras las rejas de las haremikes.
Me sentía tan perfectamente solo, que experimenté una sensación extraña al ver cerca de mí la parte superior de una cabeza humana, con dos grandes ojos verdes clavados en los míos. (…) Un velo blanco envolvía cuidadosamente la frente y los hermosos ojos. Las pupilas eran verdes, de ese verde mar de antaño, cantado por los poetas de Oriente.
Aquella joven era Aziyadé.
Aziyadé me miraba fijamente. Ante un turco, se habría ocultado; pero un infiel no es un hombre; a lo más, es un objeto de curiosidad que se puede contemplar impunemente. Parecía ella sorprendida de que uno de aquellos extranjeros que había ido a amenazar su país con tan terribles máquinas de guerra, pudiese ser un jovencito cuyo aspecto no le causaba ni repulsión ni terror.”

AZIYADÉ, de Pierre Loti, 1850-1923
Ilustración de Franck Bourgeron

Anuncios