Hace seis milenios el rey Amarillo encargó una pagoda de tres pisos. Ya acabada, sólo le gustó el tercer piso y ordenó que derribasen los otros dos. Los albañiles obedecieron y quedaron sepultados bajo el tercer piso. Entonces el rey decidió hacer pagodas sobre las nubes, que le parecían más sólidas que el puro vacío. A menudo las nubes se disipaban y las pagodas se precipitaban sobre las ciudades. Siempre había muertos, pero el rey se encogía de hombros y mirando al cielo pensaba que la belleza estaría siempre por encima de la vida y por encima de la muerte.

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