Es muy curioso. La gente nos pasamos 348 días hibernando los afectos; y, de repente, un día, con el primer escaparate iluminado, se nos despierta la necesidad de decírselo al primero que pasa por la calle.

Al contrario de lo que les suele suceder a los bichos, las emociones en las personas aparecen con el frío. Entonces tocamos más, regalamos cosas, contamos historias al calor de la infancia; y nos ponemos la nostalgia encima del traje, como si fuera un abrigo que nos pudiera proteger de la parte más heladora de la vida.

También suele ocurrir durante esos raros días de invierno, que nos volvemos más generosos, más espléndidos. Tendemos a ceder el paso con más frecuencia, pensamos en el otro más de lo acostumbrado; y, la infancia y la vejez se nos amplifican dentro, porque algo de esas dos cosas debemos tener o tendremos algún día.

Resulta también curioso, que en un espacio de tiempo tan corto nos apetezca tanto cambiar las cosas de sitio. Lo que siempre ha estado fuera solemos guardarlo dentro; y es precisamente ahí, fuera de la lógica y de los límites de un christmas donde, todos los que formamos parte de TBWA, hemos escrito este año nuestros mejores deseos.

Al relente de la imaginación.

Es una felicitación navideña de TBWA

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