William Blake escribió: “Quien ha dejado que abuses de él, te conoce”.

Dicha cita anticipa, presume y, en cierta forma, explica y define a los amantes esclavos. Éstos se presentan ante ti con la promesa de servirte, de obedecerte ciegamente, sin reparos, dudas ni pudor. La tentación es demasiado golosa para resistirse, y les pones a prueba. Ellos jamás decepcionan, no retroceden en su renuncia. Su placer reside en satisfacer tus mandatos. Te ceden voluntariamente su voluntad y todo el poder; y ése es su propio poder, liberarse de todo deseo. Con el tiempo, aquello que era impensable, inconfesable incluso para tus adentros, aparece asequible entonces, y fuerzas la correa que lo mantiene atado o encadenado a ti. Les humillas. A conciencia, les humillas sin reparos, dudas ni vergüenza. Constantemente piensas en nuevos retos y, de esa forma, tus pensamientos pronto son sólo para tu esclavo o esclava. Les despojas de toda que no sea sumisión a tus peticiones y, así, descubres cosas de ti que no sospechabas, límites que ni siquiera imaginabas posible alcanzar.

En tu papel de amo, en los castigos que infliges con la autoridad incuestionada, te revelas al completo, tu pura esencia. En tu papel de amo, te encuentras atrapado, una cárcel que has construido tú mismo. Reflexiona: ahora eres tú el esclavo.

JOSAN HATERO, La piel afilada – un bestiario de amantes
Ilustración de Lantomo

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