Primera mirada. Primera instantánea aislada.
Inalterable, congelada en el resplandor de la cámara.
Más alta
de lo que nunca volverías a ser. Tan esbelta en tu balanceo,
parecía que tus largas y perfectas piernas americanas
sencillamente ascendían. Aquella fulgurante mano,
aquellos largos dedos de ballet, simiescamente elegantes.
Y el rostro, una prieta pelota de alegría.
Te veo allí más clara y real
que en ninguno de los siguientes años sombríos.
Como si te viera entonces, y luego nunca más.

CARTAS DE CUMPLEAÑOS de Ted Hughes, fragmento del poema “St. Botolph’s”. Ed. Lumen

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