Entender la cultura actual sin prestar atención al influjo de las nuevas tecnologías es desde hace años pretensión imposible. Internet cambia todo: economía, política, educación… y hasta el modo de conocer. Nicholas Carr parte de una inquietante experiencia propia: la que sintió el día en el que él –licenciado en Letras y acostumbrado a sumergirse en la profundidad de textos escritos– comenzó a notar dificultad para concentrarse en un libro. De repente, después de una página o dos, su mente se disipaba, perdía el sosiego, el hilo. Algo pasaba en su cerebro.

Basándose en autorizadas voces de campos que van desde la neurología a la educación, Carr sostiene que la diaria entrega a las multitareas digitales está incidiendo de manera notoria en la manera de conocer de toda una generación. El pensamiento lineal entra en crisis. Se abre paso un mundo distraído, confundido, compulsivo y ansioso, que mientras premia lo rápido, eficiente y útil, se hace incapaz de concentrarse en una sola cosa; un mundo cultural herido en esas habilidades de reflexión y contemplación que conducen al pensamiento crítico y conceptual, dañado en la memoria a largo plazo y en la agilidad creativa.

“Internet nos ofrece picoteos de información -afirma en una entrevista con EFE- cambiamos mensajes en nuestro email, Facebook, Twitter, seguimos varios enlaces pero sin permanecer mucho tiempo en ellos. En definitiva, nos hace mucho más superficiales, menos capaces de concentración, contemplación y reflexión, que cuando leemos un libro físico”.

En su ensayo, Carr afirma que “neurológicamente acabamos siendo lo que pensamos”, lo cual no dibuja el futuro del ser humano muy optimista porque la red no nos deja pensar con la profundidad a la que nos obligan los libros. Está en juego: el pensamiento lineal, profundo, que incita al pensamiento creativo y que no necesariamente tiene un fin utilitario. “La multitarea, instigada por el uso de Internet, nos aleja de formas de pensamiento que requieren reflexión y contemplación, nos convierte en seres más eficientes procesando información pero menos capaces para profundizar en esa información y al hacerlo no solo nos deshumanizan un poco sino que nos uniformizan”. Internet alienta la multitarea y fomenta muy poco la concentración.

La esencia de la libertad es poder escoger a qué quieres dedicarle tu atención. La tecnología está determinando esas elecciones y por lo tanto está erosionando la capacidad de controlar nuestros pensamientos y de pensar de forma autónoma.

Para saber más: NICHOLAS CARR: Superficiales, ¿qué está haciendo internet con nuestras mentes?
La imagen es de ENEKO