Eva: “Habla muy poco. Quizás sea porque no es muy inteligente y, como es susceptible, quiere ocultarlo. Es una pena que piense así, pues la inteligencia no vale nada, lo importante es el corazón. Quisiera hacerle comprender que un corazón bueno y amante es riqueza y que con esa riqueza basta, y que sin un buen corazón el intelecto es pobreza”.
“El Jardín se ha perdido, pero le he encontrado a él, y me siento feliz. Cuando quiero saber por qué le amo, me doy cuenta de que no lo sé, y en realidad no me importa saberlo.(…) Creo que le amo sencillamente porque es mío y es hombre, esta clase de amor no es un producto de la razón o de las estadísticas. Eso es lo que pienso. Pero sólo soy una muchacha, la primera que ha analizado este asunto y podría ser que, en mi inexperiencia e ignorancia, no lo hubiera comprendido cabalmente”.

Adán: “Es todo interés, ansia, vivacidad; para ella el mundo es encanto, milagro, misterio, alegría. Si pudiera tranquilizarse y permanecer callada al menos unos minutos, constituiría un espectáctulo apaciguador. En ese caso creo que disfrutaría contemplándola. (…) En una ocasión, al verla de pie sobre una roca, blanca como el mármol y bañada por el sol, con su joven cabeza echada hacia atrás mientras se protegía los ojos con la mano para observar el vuelo de un pájaro que cruzaba el cielo, me di cuenta de que era hermosa”.
“Es mejor vivir fuera del Jardín con ella que en él sin ella”
DIARIO DE ADÁN Y EVA, Mark Twain