febrero 2012


Mundaka, de McEnroe

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“No somos malos, venimos de un mal lugar” SHAME

Nada sucede dos veces
ni va a suceder, por eso
sin experiencia nacemos,
sin rutina moriremos.

En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano.

No es el mismo ningún día,
no hay dos noches parecidas,
igual mirada en los ojos,
dos besos que se repitan.

Ayer mientras que tu nombre
en voz alta pronunciaban
sentí como si una rosa
cayera por la ventana.

Ahora que estamos juntos,
vuelvo la cara hacia el muro.
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Como una flor o una piedra?

Dime por qué, mala hora,
con miedo inútil te mezclas.
Eres y por eso pasas.
Pasas, por eso eres bella.

Medio abrazados, sonrientes,
buscaremos la cordura,
aun siendo tan diferentes
cual dos gotas de agua pura.

El poema es de Wislawa Szymborska. La imagen es de la serie

Conozco a la mujer de la que me hablas. Sé que existe. Va y viene. Se muestra y se esconde bajo el ánimo y la influencia de pequeños prodigios y de grandes hallazgos. ¡Qué gran mentira esa cosa de la estabilidad emocional!

No hay nada más estúpido que creer que siempre vamos a tener las mismas ganas de hacer las mismas cosas para ser feliz de la misma manera. Las emociones necesitan tomarse su momento de repliegue para coger fuerza y romper la piedra con la que tarde o temprano se estrellarán. Vivir en un estado de excitación permanente no es bueno ni posible.

¿Nos conformamos con la tristeza? No, nos alimentamos de ella, del vacío, de los seres que aparecen cuando la marea retrocede. Ese es el momento de escarbar en la arena, mirar dentro, recuperarte a ti misma frente a lo exterior. Transformar esa opacidad en claridad a base de intimidar con ella. Llega un momento, tarde o temprano, en el que tenemos que pararnos y separarnos del ruido que llevamos dentro y también del que nos rodea. ¿Cómo puedes emitir o reflejar el más mínimo brillo si no conoces la esencia de la oscuridad? Ese es el reto de la vida. Transformar la oscuridad que nos rodea en algo luminoso sin alterar su esencia. El alma del ser humano no es una postal sobre la que escribir un bonito cuadro, por el contrario es un esbozo, un dibujo hecho de esquirlas de sangre y piel.

A veces la mujer oscura se asomaba a tus ojos. Te veía llegar embozada en una mueca agria que cargaba con la sombra de tu cuerpo. Peleada con el mundo, con la existencia, con arrugas que eran como un acordeón en tu frente, cargada de malas vibraciones. El brillo de tus ojos se refugiaba en el acero con el que revestías tus palabras que eran como balas silbando sobre un muro que era preciso derruir si queríamos llegar hasta ti. Yo he estado allí. Te he visto como matando morías, te he escuchado decir y hacer lo contrario de lo que realmente querías decir y osabas pensar. ¿Eras insoportable? Insoportable y borde. Y aún así en la bruja que eres, en la que eras, había un ser humano entrañable. Si alguien sobrevive a una gigantesca tormenta, al finalizar ésta uno se encuentra con un paisaje tan hermoso como la mejor de las puestas de sol.

Hoy sigue todo igual y quienes te aman lo hacen también en tus momentos más tristes. Disfruta de tu oscuridad. Cultívala tanto, como cultivas la luz: Anega tu vacio con el silencio. Estoy seguro de que en ese silencio encontrarás lo que buscas. Disfruta de la noche.

Exposición de Rafael García Forcada en Sevilla, en “LA IMPORTADORA” SHOP & GALLERY, C/ Pérez Galdós, 2.

flatiron“Todas las grandes ciudades me entusiasman, esa multitud de calles y de rostros, esos imprevistos brotes arquitectónicos semejantes a líneas de pentagrama que convergen, se oponen y a veces parecen confundirse. Las ciudades son el esplendor de ruidos, formas, hedores, una suerte de caos controlado que refleja todas las maravillas y la variedad que hay en nosotros. Son espejos y grutas donde lo hermoso y lo feo a menudo se entrelaza, como en una espiral de luz y de tiempo. Yo no puedo vivir sin la ciudad; sus ruidos me calman, me dan la impresión de formar parte de un locus, de un lugar donde puedo elegir ser invisible, en la comodidad de mi anonimato en medio de la agitación del cambio.”

NUEVA YORK, Cuaderno de viaje (Anaya Touring), textos de Jerome Charyn, dibujos de Fabrice Moireau.