Recortes


En el Reina Sofía del 11 de Mayo al 12 de Septiembre.

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Entender la cultura actual sin prestar atención al influjo de las nuevas tecnologías es desde hace años pretensión imposible. Internet cambia todo: economía, política, educación… y hasta el modo de conocer. Nicholas Carr parte de una inquietante experiencia propia: la que sintió el día en el que él –licenciado en Letras y acostumbrado a sumergirse en la profundidad de textos escritos– comenzó a notar dificultad para concentrarse en un libro. De repente, después de una página o dos, su mente se disipaba, perdía el sosiego, el hilo. Algo pasaba en su cerebro.

Basándose en autorizadas voces de campos que van desde la neurología a la educación, Carr sostiene que la diaria entrega a las multitareas digitales está incidiendo de manera notoria en la manera de conocer de toda una generación. El pensamiento lineal entra en crisis. Se abre paso un mundo distraído, confundido, compulsivo y ansioso, que mientras premia lo rápido, eficiente y útil, se hace incapaz de concentrarse en una sola cosa; un mundo cultural herido en esas habilidades de reflexión y contemplación que conducen al pensamiento crítico y conceptual, dañado en la memoria a largo plazo y en la agilidad creativa.

“Internet nos ofrece picoteos de información -afirma en una entrevista con EFE- cambiamos mensajes en nuestro email, Facebook, Twitter, seguimos varios enlaces pero sin permanecer mucho tiempo en ellos. En definitiva, nos hace mucho más superficiales, menos capaces de concentración, contemplación y reflexión, que cuando leemos un libro físico”.

En su ensayo, Carr afirma que “neurológicamente acabamos siendo lo que pensamos”, lo cual no dibuja el futuro del ser humano muy optimista porque la red no nos deja pensar con la profundidad a la que nos obligan los libros. Está en juego: el pensamiento lineal, profundo, que incita al pensamiento creativo y que no necesariamente tiene un fin utilitario. “La multitarea, instigada por el uso de Internet, nos aleja de formas de pensamiento que requieren reflexión y contemplación, nos convierte en seres más eficientes procesando información pero menos capaces para profundizar en esa información y al hacerlo no solo nos deshumanizan un poco sino que nos uniformizan”. Internet alienta la multitarea y fomenta muy poco la concentración.

La esencia de la libertad es poder escoger a qué quieres dedicarle tu atención. La tecnología está determinando esas elecciones y por lo tanto está erosionando la capacidad de controlar nuestros pensamientos y de pensar de forma autónoma.

Para saber más: NICHOLAS CARR: Superficiales, ¿qué está haciendo internet con nuestras mentes?
La imagen es de ENEKO

“Hoy la mayoría comete el error de mostrarse tal como es en un sitio público y delante de una multitud. A veces me pregunto si es que ya casi nadie tiene interés en resultar misterioso y guardar secretos. La vida transparente es lo menos atractivo que se puede imaginar”.
JAVIER MARÍAS. “La zona fantasma” EL PAÍS SEMANAL 10/04/2011

Notas de Fukushima

“A mayor capacidad, mayor intensidad. Almas ricas sienten intensamente. Lo bueno, lo que les hace grandes y las emociona; y sus ruinas, lo que se clava en su alma y les impide moverse. Viajamos de un lado a otro de nuestra geografía más íntima y en cada uno de las estaciones de ese recorrido queremos creer que nos encontramos en el centro de nuestra vida, pero no es verdad, es el conjunto del viaje lo que le da sentido al mismo. Incluso aquellos lugares a los que no queremos regresar nunca, ni volver a mirar atrás”.

La fotografía es de Japón, después del Tsunami (EL PAÍS)


“La rutina es un papel de lija que desgasta las ilusiones.

Demasiadas veces lo cotidiano nos conduce a la monótona repetición de conductas, conversaciones y escaramucillas sin vuelo que transforman las hojas de nuestro calendario en un libro sin texto.

Por el contrario, las ilusiones conseguidas son aquellas que quedan impresas para siempre en el libro del mejor recuerdo, esas épocas en las que tomamos conciencia de que el auténtico nivel de vida no lo da ni depende del dinero, sino de la felicidad, ese sentimiento que surge cuando lo soñado y lo vivido transcurren paralelos como los raíles del ferrocarril.

Por eso siempre hay que llevar una doble vida: la despierta y la soñada.

La vida despierta es ese obligado aterrizaje en el suelo duro que nos conduce a través de caminos proyectados por intereses ajenos, cuanto más masivos más semáforos, radares, velocidades limitadas y direcciones prohibidas.

La vida soñada es la que nos impulsa a salir de lo establecido y nos anima a idear, imaginar… elevarnos para buscar nuestros propios horizontes.

En una vida completa, soñar y caminar son vasos comunicantes, porque el ave no puede estar siempre volando, pero alzarse le permite divisar, entender y, por qué no, ambicionar otros panoramas.

En el suelo reposa lo conocido y cotidiano; en el vuelo despega el sueño y la sana ambición.

La felicidad es caminar los sueños”.

ÁNGELA BECERRA, Diario ADN, 9 de Junio 2010

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