Vampiros



“Sólo hay pequeñas razones y grandes azares. O viceversa. Pero no hay un solo Azar como no hay una sola Razón”, le escribe el caballero Welldone a Martin de Viloalle en una carta fechada el 15 de octubre de 1781 que puede considerarse el testamento espiritual del viejo maestro para quien fue su joven colaborador y compañero de andanzas por un buen número de pequeñas cortes europeas a lo largo de una década. Unas pocas líneas más abajo, Welldone formulará la “Ley del Vampiro”: “El hombre se enmascara para no avergonzarse del mismo azar de ser hombre, de su mínima importancia, de que sólo es deudor de la nada. Por ello se traiciona a sí mismo. Bebe la sangre de los antiguos, no para alimentarse, sino para reafirmarse y reconfortarse en su idea de hombre según convenga. Y esa conveniencia hace que el hombre se vuelva vampiro. Y si el hombre no sabe a ciencia cierta de su pasado, si lo ha corrompido engañándose, ¿cómo aprenderá de sus lecciones?, ¿cómo razonará su presente?, ¿cómo aventurará su futuro? […] seguirá perdido en el Tiempo y en el Espacio. Ése es el cómico y trágico equilibrio del mundo. Días con sus noches. Hombres con sus vampiros. Lo imprevisto, inevitable”.
FRANCISCO CASAVELLA, “LO QUE SÉ DE LOS VAMPIROS”
Y la mala noticia, aquí

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Vampire: the requiem en la wiki


“¡Juraría que ese conde es un vampiro!-exclama el profesor Van Helsing cuando al día siguiente Mina le refiere su encuentro con el misterioso ser-. No me extrañaría que su enamorado conde intentara visitarla nuevamente. ¡Qué oportunidad para tenderle una emboscada! Deberá usted distraerlo hasta el amanecer. El monstruo no se atreverá a dañarla, la ama desde siempre, es un amor de siglos.”

Esas palabras resuenan como una campana en la mente de la joven cuando esa noche recibe al sombrío visitante que lentamente se apodera de su voluntad.

Del mismo modo que las moscas ignoran la existencia de las arañas antes de caer prisioneras en sus redes, la temeraria Mina Murray se desliza inconscientemente por una trama de peligrosos acontecimientos. Advertida de los riesgos a los que se expone, Mina confía en la proximidad del profesor Van Helsing, que aguarda oculto en otro cuarto de la casa.

Mediante el poder narcótico de sus palabras, el conde la envuelve suavemente hasta dejarla indefensa como un insecto en los plateados hilos del arácnido.

TEXTO E ILUSTRACIONES DE LUIS SCAFATI


He cruzado océanos de tiempo para encontrarte.
DRÁCULA, DE BRAM STOKER

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