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Una estrella agonizante que gira movida por el estallido de su anárquica energia, como un faro con un par de rayas de speed encima. Una estrella del tamaño de una ciudad, una ciudad del tamaño de una estrella, girando sin parar y cuyo canto fúnebre es captado por un receptor de radio años luz más tarde, como un mensaje grabado que nadie oyó y que sigue lanzándose al infinito a través del tiempo. El amor y la pérdida.

Ella me quiso, durante las cuarenta semanas que fui su cautiva o ella la mía. Éramos la tierra conquistada de la otra. Competíamos en poder y en impotencia. Éramos el trueque y el premio, aquello por lo que jugábamos y lo que perdimos. El dado oscuro, un dos y un uno, el uno se convirtió en dos y luego el dos se convirtió en dos unos. Un reino perdido en una sola tirada.

JEANETTE WINTERSON “Planeta Azul”

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– Todo conserva grabado eternamente lo que alguna vez fue.
– No te arrepientas. Cambia si tienes que hacerlo, pero no te arrepientas.
– Cada uno debe hacer del viaje una experiencia propia, y grabarla en los rincones secretos del corazón.
– La Humanidad, esté donde esté, civilizada o salvaje, es incapaz de mantenerse fiel a un propósito durante mucho tiempo, con la excepción del propósito de autodestruirse.
– Donde hay vida, antes ha habido un amor.
– Los bebés son como las cajas de caudales: no hay forma humana de ver lo que tienen dentro, como tampoco hay ninguna garantía de que el esfuerzo merezca la pena.
– El amor no es más que la forma elegida por la Naturaleza para que una persona pague las facturas de otra. Eso creían mis esposas.
– Tengo la suerte de estar lo bastante viva como para ser infeliz.
– Solo el hábito y la rutina consiguen que el vacío parezca un propósito.

Planeta Azul  de Jeanette Winterson

La ilustración es la portada de la novela, de Editorial Lumen

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Spikkers me tomó la mano y rodeó la isla conmigo hacia el lugar donde había tenido lugar la tala del árbol. Yo estaba tan molesto con aquel episodio como lo había estado con el de los Ídolos y le apremié a que me diera una explicación.

Resultó ser una historia horripilante.

En “épocas pasadas” el dios HaceHace había llenado la isla de bosques, arroyos, peces y aves para que ningún hombre pasara necesidad. En semejante abundancia desembarcaron los Ancestros a bordo de sus barcos, construyendo casas y lugares donde celebrar sus ceremonias y viviendo sólo fieles a los dictados del Hombre Blanco: el Ariki Mau.

Se precisaba madera para alimentar las hogueras y la construcción, y tierra para los plátanos, las bananas y las diversas cosechas. Una a una, se talaron las palmeras, tan arracimadas que un hombre tenía que pasar entre ellas de costado, hasta que, poco a poco, las aves marinas dejaron de visitar la isla y la lluvia cesó y el suelo se deshizo y se quemó, y la tierra se convirtió en polvo rojo en el que nada crecía.

Spikkers señaló a los Ídolos y me describió con gestos que habían extraído las magníficas piedras de la cantera en trineos de madera, y que todas las palmeras tuvieron que emplearse como raíles para transportar la piedra hasta la costa, y que la labor de horneo y el tallado requería aún mayores cantidades de madera y que nadie soñó jamás que la madera que había desaparecido jamás volvería a aparecer.

– ¿Debo entonces creer que una isla en la que abundaba todo lo necesario ha quedado reducida a este terreno baldío simplemente a causa de la creación de un Dios de piedra y de su posterior destrucción? – pregunté.

Spikkers asintió.

JEANETTE WINTERSON “Planeta Azul”

iphone-peque   Song for Sophie (Aura)

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“Había un planeta llamado Medusa. Está hecho de roca, pero la roca se ha agrietado y se ha partido tantas veces que no hay en él nada sólido… tan sólo franjas de roca, desprendidas de la superficie como gruesos mechones de pelo. Como serpientes. Cuando soplan los vientos celestes, las franjas de roca se mueven y algo en el viento que  las atraviesa las hace cantar. Es como si una cabeza nos diera la espalda, siempre la espalda, y cantara en la oscuridad, oscura y sola, y nunca le viéramos el rostro.”

“Planeta Azul”  de Jeanette Winterson

La ilustración la encontré aquí
iphone-peque2 World without end, de The Boxer Rebellion