¡Beato sillón! La casa
corrobora su presencia
con la vaga intermitencia
de su invocación en masa
a la memoria. No pasa
nada. Los ojos no ven,
saben. El mundo está bien
hecho. El instante lo exalta
a marea, de tan alta,
de tan alta, sin vaivén.
Beato Sillón, JORGE GUILLÉN

Si la gente de la Casa Encendida me hace recitar un poema en la calle, creo que éste es el único que me sé entero, desde mis años escolares. Por cierto, estoy de rodríguez, el sillón es mío 🙂

La Casa Encendida de Madrid, Yuxtaposiciones ’10, entre el 4 y el 5 de Noviembre

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Por la costa internándose Odiseo,
náufrago así, desnudo,
oteó unas doncellas.
Y corrieron. Inmóvil y radiante,
una sola se erguía. ¡Qué estupor!
Mal cubierto con hojas habló el náufrago,
voz ferviente, mirada embelesada.
«¿Quién eres, oh bellísima
de tan cándidos brazos? ¿Una diosa
descendida a una tierra de mortales,
o si sólo mujer,
a la par que los dioses?
Felices sean quienes te engendraron.
Mis ojos nunca vieron tal belleza,
digna de Artemis, hija del gran Zeus.
Una vez nada más
me sentí conmovido como ahora.
En Delos fue. Junto al altar de Apolo
vi un arbusto de palma tan feliz
y esbelto que tembló mi corazón.
Perdóname que llegue así, desnudo.»
Sonrió la mujer de brazos cándidos.
«Forastero, quien seas…» Sonreía,
señoril, luminosa. ¡Nausicaä!
JORGE GUILLÉN, “Homenaje”