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Una estrella agonizante que gira movida por el estallido de su anárquica energia, como un faro con un par de rayas de speed encima. Una estrella del tamaño de una ciudad, una ciudad del tamaño de una estrella, girando sin parar y cuyo canto fúnebre es captado por un receptor de radio años luz más tarde, como un mensaje grabado que nadie oyó y que sigue lanzándose al infinito a través del tiempo. El amor y la pérdida.

Ella me quiso, durante las cuarenta semanas que fui su cautiva o ella la mía. Éramos la tierra conquistada de la otra. Competíamos en poder y en impotencia. Éramos el trueque y el premio, aquello por lo que jugábamos y lo que perdimos. El dado oscuro, un dos y un uno, el uno se convirtió en dos y luego el dos se convirtió en dos unos. Un reino perdido en una sola tirada.

JEANETTE WINTERSON “Planeta Azul”

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– Todo conserva grabado eternamente lo que alguna vez fue.
– No te arrepientas. Cambia si tienes que hacerlo, pero no te arrepientas.
– Cada uno debe hacer del viaje una experiencia propia, y grabarla en los rincones secretos del corazón.
– La Humanidad, esté donde esté, civilizada o salvaje, es incapaz de mantenerse fiel a un propósito durante mucho tiempo, con la excepción del propósito de autodestruirse.
– Donde hay vida, antes ha habido un amor.
– Los bebés son como las cajas de caudales: no hay forma humana de ver lo que tienen dentro, como tampoco hay ninguna garantía de que el esfuerzo merezca la pena.
– El amor no es más que la forma elegida por la Naturaleza para que una persona pague las facturas de otra. Eso creían mis esposas.
– Tengo la suerte de estar lo bastante viva como para ser infeliz.
– Solo el hábito y la rutina consiguen que el vacío parezca un propósito.

Planeta Azul  de Jeanette Winterson

La ilustración es la portada de la novela, de Editorial Lumen