julio 2009


Perseo-y-Algol

El desconcierto debió haber sido mayúsculo cuando supieron que la estrella se apagaba a veces, como si guiñara el ojo. No en vano le pusieron el apodo de Algol, o «estrella diabólica», pues para los árabes esta estrella era la única que gozaba de la extraña propiedad de extinguirse casi del todo y volver a encenderse al cabo de unas horas. Lo de diabólica es en realidad un renombramiento pues la estrella, que en su estado normal es muy brillante, era conocida en tiempos de Tolomeo, quien la describe en su catálogo de estrellas como «la más brillante de la Cabeza de Medusa».

Para comprender el porqué de esa descripción, puesto que Medusa es una constelación inexistente, basta con examinar la interpretación de esa zona del cielo, que hace Johannes Hevelius en su Uranographia, publicada en 1690. Allí se representa el mito de Perseo sosteniendo en una mano la cabeza de Medusa que acaba de cortar, y en la nariz de esta Gorgona se ve la estrella Algol muy destacada, acompañada por otras más débiles. Los historiadores no creen que los árabes conocieran el fenómeno de la variación de brillo de la estrella, porque no hay referencia alguna directa a esa propiedad, pero entonces es difícil explicar la razón por la que le pusieron ese nombre. (1)

Existen estrellas variables cuyo brillo crece y decrece a lo largo del tiempo. Este es el caso de Algol, que es una estrella variable eclipsante. Esto quiere decir que en realidad son dos estrellas rotando una alrededor de la otra. Cuando una pasa por delante de la otra, su brillo conjunto disminuye, al ocultarse una de ellas. (2)

Su nombre proviene del árabe R´as al Gul, “la cabeza del diablo”, y, en realidad, se trata de dos estrellas, una de las cuales se interpone a la de mayor brillo cada 2,7 días, eclipsándola y produciendo un brusco “apagón” que la relaciona simbólicamente con la idea de la decapitación. (3)

(1) Antonio Bernal (1947) Historias de Tierra y Cielo
(2) Rosa María Ros
(3) Adela Ferrer


Visto aquí y aquí

salander
“Nadie es inocente. Sólo hay diversos grados de responsabilidad”
Stieg Larsson, “los hombres que no amaban a las mujeres”

how they fly away so easily too fast for love
Iguapop Gallery Tara McPherson en Barcelona, hasta el 12 de Septiembre

Aziyade Franck Bourgeron
“Un hermoso día de primavera (…) a eso de las cuatro de la tarde, sucedió que me detuve ante la cerrada puerta de una vieja mezquita, para ver cómo peleaban dos cigüeñas. La escena se desarrollaba en una calle del viejo barrio musulmán (…) El cielo entrevisto por los resquicios era puro y azul. Se respiraba por doquier el aire tibio y el grato olor de mayo. (…) La autoridad nos obligaba a arrastrar por las calles un sable y todo el arsenal de guerra. De trecho en trecho, algunos personajes con turbante, pasaban rozando las paredes y alguna cabeza de mujer se ofrecía discretamente tras las rejas de las haremikes.
Me sentía tan perfectamente solo, que experimenté una sensación extraña al ver cerca de mí la parte superior de una cabeza humana, con dos grandes ojos verdes clavados en los míos. (…) Un velo blanco envolvía cuidadosamente la frente y los hermosos ojos. Las pupilas eran verdes, de ese verde mar de antaño, cantado por los poetas de Oriente.
Aquella joven era Aziyadé.
Aziyadé me miraba fijamente. Ante un turco, se habría ocultado; pero un infiel no es un hombre; a lo más, es un objeto de curiosidad que se puede contemplar impunemente. Parecía ella sorprendida de que uno de aquellos extranjeros que había ido a amenazar su país con tan terribles máquinas de guerra, pudiese ser un jovencito cuyo aspecto no le causaba ni repulsión ni terror.”

AZIYADÉ, de Pierre Loti, 1850-1923
Ilustración de Franck Bourgeron

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